Un edificio de época, típico de Milán, diseña los colores y la atmósfera de este piso casi francés.
Morados, rojos y amarillos pueblan la casa, especialmente en el salón, que es un puzzle de mármol, frescos originales, muebles contemporáneos y detalles de madera.
La luz natural esculpe las líneas y los planos, generando una atmósfera suspendida, monumental y ecléctica a la vez.
La suite principal y la zona de dormitorio son polvorientas, en tonos azules. La zona para las dos niñas, en cambio, es vibrante, rosa, naranja y onírica gracias a la decoración de las paredes que recuerda a las montañas de donde procede la joven familia.
En colaboración con Cecilia Avogadro